Introducción. Samuel L. Villela F. Coordinador académico

De ires y venires

La migración es hoy signo de nuestros tiempos. En tanto proceso demográfico, implica fundamentalmente desplazamientos territoriales de individuos o poblaciones humanas por motivos económicos, sociales, políticos y ambientales. Dos noticias recientes nos dan cuenta de esto.

El mes de mayo pasado, el Parlamento Europeo se sentó por fin a deliberar sobre el desastre humanitario del llamado “viaje de la muerte a Europa”, donde miles de inmigrantes africanos han perecido en las aguas del mar Adriático al intentar huir de la miseria, la guerra y las consecuencias tardías del colonialismo. Finalmente se debate sobre cuotas de inmigración y acerca de las responsabilidades compartidas de los Estados europeos, con economías diferenciadas pero necesitados de fuerza de trabajo migrante, dados sus bajos índices de crecimiento demográfico.

No pasa lo mismo con nuestros vecinos del norte, que en apariencia no se dan cuenta de la magnitud del otro “viaje de la muerte” migratorio que implica internarse en el desierto de Arizona. Aunque han aprovechado la enorme aportación de la fuerza de trabajo de los “mojados”, “ilegales” o “indocumentados” para sortear las crisis cíclicas y mantener las tasas medias de ganancia, aplican políticas migratorias que abren o cierran las fronteras de Estados Unidos de acuerdo con sus necesidades de mayor o menor mano de obra migrante, que a la vez sirven como mecanismos de presión hacia México y otros países latinoamericanos.

Un ejemplo que muestra dos facetas de estas políticas migratorias se acaba de presentar hace unos días: la Corte Suprema de ese país rechazó una ley que negaba la libertad bajo fianza a inmigrantes en Arizona y pretendía obligarlos a portar sus documentos. Poca cosa, si consi- deramos esta medida al lado de la trascendencia de las medidas que pretendía emitir Barack Obama, pero algo al fin dentro del panorama hostil y contradictorio para migrantes no europeos.

En el estado de Guerrero, la migración internacional se ha convertido en una válvula de escape para las carencias ancestrales de buena parte de la población, sobre todo la indígena. La creciente presencia de montañeros y norcalentanos en dos de las más desarrolladas urbes de la nación vecina del norte dan cuenta de ese proceso. En este número de Rutas de Campo concurren varios especialistas e interesados en el tema para dar cuenta de las múltiples facetas económicas, sociales y culturales de la migración en sus diferentes formas y niveles.

Para los tiempos prehispánicos, las migraciones de grupos humanos debidas a la búsqueda de nuevos territorios con el objetivo de fundar nuevos asentamientos, crear de rutas de comer- cio y mercado, o por efecto de las guerras, se abordan en los artículos de Rosa Reyna y Danièle Dehouve. La primera autora nos presenta un amplio panorama del desarrollo mesoamericano, donde rutas de intercambio y peregrinaciones permitieron la generación de nuevos enclaves poblacionales o la difusión de pautas culturales, como el éxodo teotihuacano; la segunda retoma aspectos puntuales de su vasta obra para dar cuenta de los relatos de migración de antes y después de la Conquista, plasmados tanto en relaciones como en documentos pictográficos, y ofrece un panorama que nos permite entender la historicidad de los asentamientos de diversa filiación étnica y la conformación de una memoria arraigada en identidades territoriales.

Ver artículo completo de Samuel L. Villela F. en

Rutas de Campo, año 2, núm. 6, enero-febrero de 2015

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