La migración, una tradición prehispánica: la Montaña de Guerrero

  “Migrar” es una palabra que designa el desplazamiento de poblaciones de un país a otro a fin de establecerse en un nuevo asentamiento. Más allá de esta definición sencilla, la migración se refiere a situaciones muy diversas que afectan a los seres humanos de manera distinta y despiertan sentimientos tan opuestos como el terror de la invasión, la desesperanza del éxodo, la ilusión del éxito económico o la nostalgia de la patria perdida. Las poblaciones del México prehispáni- co añadieron a esta gama de significados un sentido muy peculiar, pues para ellos la referencia a una migración primordial representaba una forma de construirse una historia y una identidad, así como de confirmar sus derechos sobre la tierra.

Esta tradición no fue entendida por los españoles, como lo comprueba la reflexión del dominico Durán (2002: I, cap. 1, 54): “[…] ellos mismos ignoran su origen y principios, dado caso que siempre confiesan haber venido de tierras extrañas […]”. Para los europeos, que basaban su dominio territorial en la antigüedad de su presencia en un lugar, resultaba asombroso encontrar pueblos que legitimaban su existencia con el recuerdo de una peregrinación. De hecho, numerosos pueblos de Mesoamérica conservaban la memoria de un origen extraño y una migración. El caso más conocido es el de los mexicas, que contaban su peregrinación desde la isla de Aztlán hasta México-Tenochtitlán. Tal era también el caso de los purépechas de Michoacán, que dijeron haber llegado del norte, y de los quichés de Guatemala, que afirmaron haber salido de Tula.

Las poblaciones nahuas de la Montaña de Guerrero tienen una “tradición chica” si se compara con la de los mexicas, los purépechas y los quichés. Su viaje fue corto, del Altiplano central a la Sierra Madre del Sur, el tiempo de la migración no rebasó unas décadas y la época de salida correspondió al final del dominio prehispánico. Sin embargo, esta tradición “chica” comparte con las “grandes” tradiciones una estrecha relación entre mito e historia. Por una parte, los desplaza- mientos de poblaciones fueron un hecho real; por la otra, tal hecho fue recordado y transformado por la memoria colectiva de grupos incapaces de concebir un origen que no fuera un recorrido y una peregrinación.

 Ver artículo completo de Danièle Dehouve en

Rutas de Campo, año 2, núm. 6, enero-febrero de 2015

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