Identidades en movimiento. La migración en el estado de Guerrero: el caso de los jornaleros agrícolas

Guerrero es un estado de migrantes. Miles de guerrerenses salen año tras año de sus lugares de origen para insertarse, temporal o definitivamente, en sociedades diferentes a las propias. En estos procesos, tanto las sociedades receptoras como las originarias ven enriquecidos sus principios culturales, puesto que el migrante conecta contextos económicos, sociales y culturales diferentes. En este artículo se presenta una visión general de los migrante guerrerenses, pero en particular de los jornaleros agrícolas migrantes indígenas, como portadores de “identidades en movimiento”.

Introducción

El desplazamiento de los hombres por espacios diferentes a los de su origen es tan antiguo como la historia de la humanidad. Pero no todo desplazamiento se debe entender como proceso migratorio. Salir del lugar de residencia por un tiempo definido y trasladarse a un lugar distinto del mismo no resulta suficiente para considerar este hecho como un proceso migratorio. El migrante es aquel que sale de su contexto cultural, social, económico y político para incursionar o insertarse en un andamiaje diferente al propio, donde no sólo establece relaciones económicas sino también de convivencia cotidiana, basadas en el enfrentamiento con una sociedad diferente a la propia y donde será aceptado o rechazado, según sea el caso.1

El migrante adquiere su calificativo como tal en el momento que forma parte de un colectivo consciente de que su existencia y reproducción trascienden su entorno local. De ahí que la migración incida en el todo colectivo, en la familia, en los parientes, en los vecinos, en la sociedad, ya que pone en contacto a pueblos, comunidades y sujetos con otros sujetos, es decir, con otros seres humanos semejantes a uno mismo, pero diferentes en cuanto a contextos disímbolos que a fin de cuentas se encuentran hermanados.

La constitución de los Estados-nación dio origen a las fronteras que fracturaron los espacios históricos de los pueblos, de las culturas, y estas fracturas acotaron la libre movilidad de las personas. Individuos, familias, grupos, pueblos y naciones fueron coartados en su convivencia por las fronteras establecidas a causa de los intereses de los grupos dominantes en espacios cerrados y considerados como propios, como exclusivos.

Ver artículo completo de Ramiro Arroyo Sepúlveda en

Rutas de Campo, año 2, núm. 6, enero-febrero de 2015

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