Enclave migratorio de nahuas oriundos de Chilacachapa, Guerrero, en la colonia Vista Hermosa, Distrito Federal

En este escrito se brinda una breve descripción de las formas de vida y trabajo de un colectivo étnico que presenta cierto grado de congregación poblacional en una colonia popular ubicada en los límites de la periferia norte del Distrito Federal con el Estado de México. Se trata de hombres y mujeres de origen nahua que se autonombran y son nombrados como “chilas”, quienes provienen del pueblo de Chilacachapa, en el municipio de Cuetzala del Progreso, ubicado en la región norte del estado de Guerrero.

Antes de dar paso a la descripción etnográfica, conviene precisar ciertos antecedentes del proceso migratorio de los oriundos de Chilacachapa a la ciudad de México desde finales de la década de 1970, a fin de contextualizar ciertos acontecimientos contemporáneos que caracterizan las formas de vida y trabajo de este colectivo étnico.

Los primeros residentes chilas en la ciudad de México

La salida de hombres y mujeres chilas del pueblo de Chilacachapa desde las décadas de 1960 y 1970 se nutrió de causas diversas, entre las cuales se hallaban la falta de oportunidades laborales, la pobreza, las diferencias políticas y, en particular, la escasez de agua potable, factores que generaron un desplazamiento continuo hacia diversas ciudades del mismo estado de Guerrero, como Acapulco e Iguala, o bien hacia Cuernavaca, Morelos, y de manera particular hacia la ciudad de México. Desde la década de 1960 se registró la salida de campesinos del pueblo, la cual se intensificó en las de 1980 y 1990.

Las primeras oleadas se nutrieron de hombres solos, si bien en pocos quinquenios la movilidad incluyó a las esposas e hijos. En su mayoría se trataba de trabajadores del campo con nula o escasa escolaridad, pero también hubo varios chilacachapenses con experiencias previas en el terreno organizativo debido a largas luchas sostenidas en el pueblo, ya fuera por motivos políticos, agrarios o bien por su participación en cargos civiles y religiosos desempeñados por ellos mismos o sus parientes. De esta primera generación destaca su acceso diferenciado a diversos asentamientos para el caso de la ciudad de México. Las zonas centro y centro-sur fueron los espacios a los que arribaron en condiciones sumamente precarias, en su mayoría rentando cuartos pequeños y con servicios deficientes.

No se trata, por lo tanto, de una migración que desde su llegada a la capital del país se congregara masivamente en una misma vecindad o en dos o tres zonas específicas, sino que fue llegando a distintos puntos. No fue hasta la década de 1980 cuando se presentaron condiciones que podríamos llamar “extraordinarias”, las cuales permitieron que un grupo numeroso de familias tuviera acceso a una vivienda propia (departamentos), en particular en la zona centro-poniente (colonia Pensil); por otro lado, el explosivo y acelerado crecimiento urbano que se pre- sentó en el sur, oriente y nororiente del Distrito Federal creó nuevas zonas de poblamiento, caracterizadas por una ausencia de infraestructura en servicios y vialidades, aunque años después les permitieron convertirse en propietarios de un solar urbano. Se trata de las zo- nas de Santo Domingo, en Coyoacán; Cuautepec, en la delegación Gustavo A. Madero, así como La Presa y San Cristóbal, en los municipios de Tlalneplantla de Baz y Ecatepec, respectivamente.

Ver artículo completo de Olivia Leal Sorcia en

Rutas de Campo, año 2, núm. 6, enero-febrero de 2015

CompartirShare on FacebookShare on Google+Tweet about this on TwitterShare on LinkedIn

Deja un Comentario

Tu dirección de email no será publicada. Required fields are marked *

*