De migrantes temporales a asentados. Presencia de población indígena de la Montaña guerrerense en la región centro-oriente de Morelos

El estado de Morelos ha sido un polo de atracción de población oriunda de entidades vecinas debido a su importante dinámica económica tanto en el sector servicios como en el agrícola. Diferentes labores en este último, en particular las cosechas, han sido desarrolladas por mestizos e indígenas provenientes de Guerrero, Oaxaca y Puebla, que en las décadas de 1960 y 1970 permanecían de manera temporal, mientras había trabajo. A partir de 1980, y en especial durante la primera década del siglo XXI, se presentaron significativos procesos de asentamiento de trabajadores y sus familias, los cuales fundaron nuevas localidades alrededor de regiones agrícolas y desencadenaron una diversificación étnica de las mismas. Cabe destacar que, a pesar de este reciente fenómeno de asentamiento, los flujos migratorios temporales no han desaparecido ni disminuido en importancia.

Si revisamos el Censo de Población y Vivienda 2010 en relación con la variable de “lengua indígena” en población de tres años y más en Morelos, encontramos que en la entidad el grupo étnico más numeroso es el de los nahuas, de los que difícilmente se puede discernir entre los nativos y los inmigrantes. Sin embargo, resulta interesante destacar que el segundo y tercer lugar lo ocupan quienes hablan lenguas mixtecas (5 547) y tlapaneco (1 531) (Sánchez, 2014; Síntesis…, 2010). Éstos corresponden a los asentados y a segundas y terceras generaciones ya nacidas en Morelos que continúan hablando su lengua materna. El objetivo de este artículo es reflexionar sobre esos procesos de asentamiento a la luz de una investigación realizada en poblaciones na- huas y mixtecas originarias de la Montaña de Guerrero en la zona de Tenextepango, dentro de la región centro-oriente de Morelos, y las relaciones establecidas entre éstas y los nativos mestizos.

La llegada de los jornaleros agrícolas a Tenextepango

La región centro-oriente de Morelos ha sido el lugar de recepción de jornaleros indígenas provenientes de la Mixteca oaxaqueña y poblana, así como de la Montaña de Guerrero, que laboraban de larga data en la zafra cañera. Sin embargo, la introducción de nuevos cultivos a mediados del siglo xx generó una mayor demanda de trabajadores que llegaron de las mismas regiones que los cosechadores de caña de azúcar, pero de diferentes localidades (Sánchez, 2003).

Ver artículo completo de Adriana Saldaña Ramírez en

Rutas de Campo, año 2, núm. 6, enero-febrero de 2015

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