Augusto Arbusto Urteaga Castro Pozo: el “(an)tropólogo” de los rarámuri contemporáneos

Maritza Urteaga Castro Pozo*
Víctor Hugo Villanueva Gutiérrez**
En Diario de Campo, números 4-5, septiembre-diciembre 2014

Algunos trazos de su personalidad

¿Cómo hablar de mi hermano, colega y cómplice de sueños? ¿Qué puedo compartir con ustedes que no hayan expresado ya los colegas y amigos que me antecedieron sobre Augusto? Me trae una sarta de recuerdos mezclados, de situaciones vividas o inventadas en común, pero sobre todo la certeza de que hay una parte de nuestras vidas que también se traslada con los que nos anteceden en este momento tan vital y tan estremecedor de nuestras vidas.

Creo que cuando se trata de los más cercanos a nosotros, siempre es un final demasiado rápido; siempre quedan muchas cosas que compartir, que gozar, que pelear juntos… porque expresa a esa familia en la que crecimos, la que nos amó y nos enseñó a vivir y a ser felices. Sin embargo, también creo, como bien dijo Javier Ávila, el Pato, en Chihuahua, que cuando dejamos de recordar o de nombrar a alguien, entonces es cuan- do se muere, no antes. Y Augusto Hildebrando Urteaga Castro Pozo aún vive en mí, como en el corazón y en el intelecto de muchos de quienes, como yo, tuvieron el honor y la alegría de tenerlo como hermano, amigo, colega, compañero o maestro.

Augusto nació en Lima. Fue el segundo hijo de una familia de profesionistas clasemedieros originarios de Piura, un departamento peruano que colinda con Ecuador y que muy jóvenes migraron a la capital de Perú por razones diversas. Mi madre, Carmen Flora, fue hi- ja de un intelectual y uno de los primeros políticos socialistas peruanos, conocido no sólo por sus obras –Del Ayllu al cooperativismo socialista; Nuestra comunidad indígena; Sol; Sol, algarrobos y amor– sino también por su espíritu amoroso y gentil para con la gente a la cual re- presentaba: campesinos, indígenas, obreros. Su madre, mi abuela Carmen, fue una mujer con escasa educación pero con un espíritu emprendedor que le permitió sostener y sacar adelante a sus hijos en las épocas en que mi abuelo, Hildebrando, estaba en la cárcel o el exilio. La imagen poderosa de mi abuelo como luchador social, al que nunca conocimos porque murió antes de que naciéramos, fue y es muy importante en mi familia de origen.

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* Profesora-investigadora de la ENAH (maritzaurteaga@hotmail.com).
** Coordinador del proyecto Atlas de los Sistemas Normativos Indígenas en México e investigador de la Coordinación Nacional de Antropología, INAH (victor_villanueva@inah.gob.mx).

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