Contactos ultramarinos e interinflujos andino- mesoamericanos

Wigberto Jiménez Moreno**
Ricardo Delfín Quezada-Domínguez***
En Diario de Campo número 3, julio-agosto 2014

Al estudiar el poblamiento de América –haciendo a un lado teorías absurdas de que dio cuenta Robert Wauchope en “Lost Tribes and Sunken Continents” (1962)– se acepta, indiscutida, la ruta del estrecho de Behring y se cuestionan las hipótesis del doctor Paul Rivet sobre: 1) grupos llegados desde Australia hasta el sur de Chile y Patagonia a través de la Antártida, antes de 6 000 años previos a nuestra era, y sobre 2) el arribo de melanesios y polinesios a las costas norte– y sudamericanas del Pacífico.

No sólo se han postulado relaciones prehispánicas transpacíficas, sino también transatlánticas: hay quienes sostienen que hubo incursiones de fenicios o cartagineses o de otros grupos del Cercano Oriente, del Mediterráneo, o de África, que pisaron las costas del Golfo de México, las del mar Caribe o las del Atlántico del lado del Brasil. Entre los mexicanos defendió esta posición el obispo don Francisco Plancarte y Navarrete, en su erudita y voluminosa “Prehistoria de México” (1923), y entre los europeos un experto en el Cercano Oriente – Cyrus H. Gordon en su obra “Before Columbus” (1971)– . En su artículo “The Significance of an Apparent Relationship between the Ancient Near East and Mesoamerica”, dentro de Man Across the Sea (1971), John L. Sorenson ha publicado una impresionante lista de elementos culturales que la última comparte con aquél.

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** El Colegio del Bajío de León, Guanajuato (1984).
*** Facultad de Ciencias Antropológicas de la Universidad Autónoma de Yucatán.

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