Revista Diario de Campo, año 1 núm 3, junio-agosto 2015

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Presentación

DIARIO DE CAMPO 3.inddEl pasado 21 de junio el Comité del Patrimonio Mundial de la unesco, reunido en la ciudad de Doha, Catar, decidió inscribir al “Qhapaq Ñan. Sistema vial andino” en la Lista Representativa del Patrimonio Mundial. El Qhapaq Ñan, Camino Principal o Camino del Inca –de qhapac, “poderoso”, “rico”, “soberano” o “emperador”, y ñan, “camino”, “sendero” o “vía”– constituyó la columna vertebral de un complejo sistema de caminos construido por los incas durante los siglos en que ostentaron la hegemonía en la región andina, aprovechando diversos senderos y obras preincaicas, a fin de facilitar las comunicaciones, el transporte, el intercambio comercial y el control político de una extensa región conocida como Tahuantinsuyu –las cuatro regiones o segmentos–, la cual se extendía desde el sur de Colombia hasta la parte media de Chile, pasando por Ecuador, Perú, Bolivia y el noroeste de Argentina.

Este extraordinario entramado de rutas terrestres, y particularmente su eje articulador o Qhapaq Ñan, se extiende por una extensa superficie caracterizada por su escarpada orografía, sus accidentados paisajes y sus notables contrastes ecológicos, que comprenden desde las imponentes cumbres nevadas de los Andes, que se yerguen a más de seis mil metros de altitud, hasta las franjas costeras del Pacífico, al poniente, y las regiones montañosas y selváticas que se extienden al oriente de la cordillera, incluyendo bosques tropicales húmedos, valles fértiles, extensos lomeríos y desiertos de una aridez impresionante. Esta red viaria alcanzó su máxima expansión en el siglo xv y llegó a extenderse por toda la cordillera andina, de norte a sur y de sur a norte, mediante dos vías troncales que a su vez eran atravesadas por una multitud de senderos secundarios o runa ñan –de runa, “hombre”, “persona”, “quichua” o “gente”, y ñan, “camino” “sendero” o “vía”– que cubrían las rutas de oriente a poniente, entre la costa y la masa continental de tierra adentro.

Se trata de uno de los itinerarios culturales del mundo más impresionantes, gestado en la cuna de una de las grandes civilizaciones originarias en la historia de la humanidad, la misma que involucró y se sustentó en la creatividad y las aportaciones de una diversidad de pueblos y culturas, con sus propias lenguas y rasgos identitarios, pero compartiendo una serie de elemen- tos culturales comunes, pues se desarrollaron en un mismo contexto geográfico y mantuvieron fuertes vínculos de intercambio y confrontación en los ámbitos cultural, económico y político.

Este sistema vial, que llegó a sumar alrededor de 40 mil kilómetros de caminos incaicos, de los cuales los especialistas han registrado ya 23 mil, ha sido incluido en el acervo del patrimonio mundial por la importante función social, económica y política que desempeñó para la configuración histórica del Tahuantinsuyu y de las distintas culturas, lenguas y paisajes asociados con éste, así como por representar una de las grandes realizaciones del ingenio constructivo y de la capacidad creativa del ser humano, al incorporar sendas –culuncos en Ecuador–, tumbos –especie de ventas o lugares de descanso–, puentes colgantes, vallas vegetales, muretes y tapiales, con lo que se permitió la comunicación entre pueblos, mercados, zonas de cultivo, lugares de aprovisionamiento y sitios sagrados diversos. Su postulación implicó un esfuerzo complicado de articulación entre los seis países del área: Ecuador, Perú, Bolivia, Chile, Colombia y Argentina, además del trabajo coordinado de un amplio grupo de instituciones, investigadores, gremios y grupos sociales que a lo largo de 10 años fueron construyendo el expediente.

Esta distinción de la unesco para el Qhapaq Ñan se produjo en el momento en que integrábamos el tercer número de Diario de Campo, dedicado al estudio de los caminos prehispánicos de América, que incluye dos artículos sobre el Qhapaq Ñan en la región andina y dos escritos más sobre las rutas de Mesoamérica, trabajos que iluminan aspectos importantes de estas dos grandes civilizaciones americanas y escudriñan las posibles conexiones que pudo haber entre ambas. Esperamos que lo disfruten.

Diego Prieto Hernández

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