Los dilemas de la salvaguardia: una introducción

Alfonso Barquín Cendejas*
En Diario de Campo número 2, abril-junio 2014

A finales de 2013 la Convención para la Salvaguardia del Patrimonio Cultural Inmaterial cumplió sus primeros 10 años de vigencia. Hasta la fecha, 155 países de todo el mundo han ratificado la voluntad de adherirse a este compromiso; esto muestra el interés que sus definiciones y aspiraciones han suscitado entre la comunidad internacional. De manera simultánea, diversos sectores de las sociedades nacionales han hecho suyos los instrumentos de la convención para promover y proteger las manifestaciones culturales que consideran valiosas y forman parte de su patrimonio.

La utilidad de los conceptos de “patrimonio”, “cultural inmaterial” y “salvaguardia”, gestados en el marco de la convención, se pone de manifiesto en su profusa utilización para abordar las características y los problemas en el cuidado de los elementos culturales. Pero este marco de compromisos y esfuerzos no está libre de conflictos. El proceso de implementación de cualquier política se ubica en el contexto de diversos intereses y valores que determinan la dificultad de satisfacer a cabalidad la totalidad de las aspiraciones generadas por los instrumentos normativos.

La aplicación de la Convención para la Salvaguardia del Patrimonio Cultural Inmaterial también se caracteriza por estas circunstancias. De ahí que la primera década de su funcionamiento ofrezca una oportunidad para hacer un alto en el camino y realizar un balance en el contexto de su aplicación en México.

Los trabajos que se presentan en este número de Diario de Campo abordan, desde distintos ángulos, los efectos que la salvaguardia del patrimonio cultural inmaterial (PCI) produce tanto en el propio patrimonio como en las comunidades de portadores o propietarios del mismo. De modo fundamental, contemplan una dimensión que tal vez sea la más compleja y polémica de la convención: las diferentes listas que se elaboran en el seno de la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (UNESCO) y que comprendían los elementos representativos del PCI de la humanidad, las manifestaciones necesarias de salvaguardia urgente y las mejores prácticas de salvaguardia del PCI.

En la actualidad México cuenta con nueve elementos inscritos (unesco, 2013); en la lista representativa del PCI de la humanidad están registrados las fiestas indígenas dedicadas a los muertos (2008), las tradiciones otomí-chichimecas en torno al territorio sagrado de la peña de Bernal (2009), la ceremonia de los voladores (2009), la pirekua (2010), la fiesta de los parachicos (2010), la cocina tradicional mexicana (2010) y el mariachi (2011). En la lista de mejores prácticas de salvaguardia se encuentra el Centro de las Artes Indígenas de Veracruz (2012). Por lo anterior, hay material suficiente para realizar un balance en el marco de este décimo aniversario.

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* Dirección de Etnología y Antropología Social, INAH (albarcen@gmail.com).

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