Las antropologías mexicanas y el multiculturalismo

Francisco Javier Guerrero*

En Diario de Campo número 1, enero-marzo 2014

Es conocida la definición del famoso antropólogo Sol Tax acerca de la ciencia por él desarrollada: “Antropología es lo que hacen los antropólogos”. En el caso de México, por lo menos desde 1917 –cuando, según se postula, “la Revolución se hizo gobierno”– las cosas fueron muy claras, como aduce el colega Guillermo de la Peña; la antropología en el siglo pasado tenía un objeto de estudio pronunciadamente específico: la población indígena del país. Pero después de 1968 la antropología mexicana parece más bien obedecer a la opinión de Tax, y uno se pregunta si se ha descarriado o se encauza en forma productiva.

Citaré algunos hechos que en apariencia carecen de vinculación entre sí, pero que en realidad muestran ciertas orientaciones en la antropología mexicana. En diversas ocasiones se tiene la impresión de que la mayoría de los miembros de nuestra sociedad no sabe muy bien con qué se come eso de la antropología. Cuando yo y otros colegas declaramos que nos dedicamos a tan al parecer esotérica disciplina, muchos suponen que podemos indicar si algunas figurillas de barro o de obsidiana que tienen en sus hogares son prehispánicas, de qué fechas son y de dónde provienen. Es decir, parten del supuesto de que somos arqueólogos y, en efecto, la arqueología es una rama importante de la antropología. Esta disciplina, considerada por Enrique Nalda, quien fue uno de los más destacados arqueólogos mexicanos, como una “paleoetnología”, es indispensable para auxiliar a ciencias como la historia.

Al respecto cito aquí la postura de un famoso y despistado arqueólogo respecto a la profesión que ejercía, ya que ello también se conecta con los azares, venturas y desventuras de la antropología en tierras aztecas. Ese arqueólogo medio pelmazo decía que la arqueología carecía de importancia en el presente, sin aplicación alguna para abordar problemas propios de la actualidad, ni incidía en la transformación social. Por supuesto, tales aseveraciones no eran más que disparates. La arqueología nos muestra tendencias generales de la evolución humana, así como las particularidades de los acervos culturales y el modo en que los seres humanos han enfrentado a diversos ecosistemas –lo cual, sin duda, muestra métodos y técnicas aprovechables en la época contemporánea–; descubre la existencia de concepciones y saberes –expresados, por ejemplo, en inscripciones grabadas en recipientes materiales–; analiza restos humanos asociados con ofrendas u otros rasgos materiales que se configuran como indicios de creencias religiosas o de estratificación social, entre otros aspectos. Concebir a la arqueología como algo inútil para conocer las sociedades actuales implica degradarla al nivel de un simple pasatiempo.

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* Dirección de Etnología y Antropología Social, Coordinación Nacional de Antropología, inah (fguerrero.deas@inah.gob.mx)

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