A la izquierda del colibrí. El Huitzilopochco prehispánico en el plano de la cuenca de México

Tomás Villa Córdova*
En Diario de Campo número 14, septiembre-diciembre 2013

Al inicio del siglo de la Conquista, una confederación de tres grandes ciudades-Estado se había impuesto sobre los demás pueblos de la cuenca de México. Extendían sus confines no sólo en el Altiplano, sino también en las lejanas costas de los actuales estados de Guerrero, Oaxaca y Veracruz. Se introdujeron entre los grupos totonacos, al comerciar con los mercaderes mayas en los puertos del Golfo o penetrar en el territorio del Xoconuchco y pelear por la hegemonía contra los aguerridos tarascos. En esos momentos, en la puerta sur de la orgullosa Tenochtitlán, una pequeña población con una importante herencia culhua-tolteca intentaba aprovechar sus capacidades para sobrevivir por todos los medios a su disposición, con la pretensión de crecer frente a esos Estados más fuertes.

Huitzilopochco se fundó de manera estratégica a las afueras de una importante encrucijada de caminos de agua y tierra. De esta forma, al viandante que buscaba su destino desde Tenochtitlán se le ofrecían en Huitzilopochco caminos terrestres que le permitían recorrer una calzada que unía las riberas oriente y poniente de la cuenca de México en su lugar más angosto. Esto permitía llegar el oriente por Iztapalapa hasta Chimalhuacán, para después encaminarse hacia la lejana Cholula o hacia las costas veracruzanas. Por otro lado allí se unían las sendas que conducían a las riquezas del sur de la cuenca, entre las sementeras de flores de Xochimilco y, más allá, para llegar a la tierra caliente de Cuauhnáhuac, o remontando la sierra hasta las frías tierras matlatzincas de Tollocan, para luego continuar la vía hacia la frontera de guerra con los tarascos.

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